Les doy la bienvenida a este blog en él queremos compartir la historia de mujeres que han decidido dejarlo todo y comenzar de cero, mujeres que con o sin recursos han emprendido un viaje del que quiero dejar constancia, ser cronista de la aventura de mis afectos, ser la memoria de un éxodo sin precedentes en la historia de Venezuela y contar también aquellas historias con las que me tope aunque no comparta el país de origen de las relatoras.
Soy hija y nieta de emigrantes, sin embargo, nunca me había interesado en sus historias, jamás le pregunté a mi abuela cómo fue su proceso, cómo hizo una gallega que jamás había salido de su aldea para cruzar el océano y comenzar una nueva vida lejos de todo lo que era. Daba por sentado que había sido sencillo porque no sabía lo que era, es por ello que no quiero que pase lo mismo con nosotros, por eso nos embarcamos en este proyecto de dejar registro de lo que estamos viviendo.
Somos – según ACNUR – más de 70.5 millones de personas que hemos salido de nuestros países buscando oportunidades para una vida mejor (duro y cierto cliché), de esos, 30 millones son refugiados sin contar los que no entran en ninguna estadística porque están ilegales.
La idea es poder contar las vivencias que hemos tenido, encontrar un espacio en el que nos sintamos cómodos siendo los que ahora somos, tener un lugar de desahogo pero también una memoria que nos permita ver la evolución, porque muchas veces lo urgente no nos permite ver lo importante.
Salí de Venezuela en el 2015 hacia Canadá un país con el sólo compartía el aprecio por haberle dado residencia a mi hermano y haber sido el suelo donde nacieran mis sobrinos. Mi llegada fue sumamente compleja, venía recién casada y sin hablar una palabra de inglés o francés que son los dos idiomas que se manejan en la ciudad a la que llegué. Me pararon en el aeropuerto preguntándome algo que no entendía a lo que sólo repetía «I come to study english» cuál mantra del que me aferraba. Unos minutos de desesperación por parte del oficial lo llevaron a enseñarme un volante en el que indicaba en español si había estado enferma o en contacto con alguien que tuviese la H1N1. Con este simple ejemplo demuestro como la frase empezar de cero en mi caso fue literal porque incluso tuve que aprender hablar.
No es fácil con 32 años en el costado y cero habilidad bilingüal comenzar una vida, sin embargo, mi historia no es ni remotamente de las más difíciles, contaba con los permisos correspondientes y el apoyo de seres queridos, no muchos cuentan con ese plus.
Lo que espero, entonces, es contarles las anécdotas de miles incluyendo las mías, porque estoy segura que coincido con muchos de los que andan por allí haciendo algo distinto a lo que estudiaron, buscando ser quienes eran, tratando de encajar y resolver.
Encontrarás historias que te harán pensar que no estás solo y que somos muchos, incluso los que se quedaron y también han tenido que aprender a vivir en un país diferente, como Siria por ejemplo, que se transformó en desolación y se volvió nueva y desconocida incluso para los que no se movieron.
Acompañanos a conocer esas historias y aprender de quienes se han adaptado y han seguido adelante.



Que finooo mi Mafe bella por aquí estaré pendiente para seguirte y leerte. Love you!!!! 😘😘
Isa Polanco.
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